Los países están abocados, en algún momento de su historia, a tener que mirarse a si mismos, y a tener que abrazar su pasado.- Editorial en la revista Arcadia
 
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Guerras inútiles. Una historia de las FARC


Corporación Observatorio para la Paz. Las FARC: Guerras Inútiles. Intermedio Editores, Bogotá 2009. 311 páginas

Continuando con la explosión de publicaciones sobre el tema del conflicto y los demás aspectos relacionados (secuestrados liberados, prácticamente cada uno de ellos con su libro, desde el subintendente de la Policía Nacional Frank Pinchao, pasando por Luis Eladio Rojas, los tres mercenarios norteamericanos, la inefable y ahora candidata al senado Clara Rojas, hasta llegar a Tulio Lizcano con sus "Años de silencio", faltando algunos, como el muy esperado de Ingrid Betancur) ha sido editado "Guerras inútiles. Una historia de las FARC", escrito por la Corporación Observatorio para la Paz.

Uno podría esperar que una Corporación con fuerte influencia de ex guerrilleros publicaría un texto menos apresurado que éste, con un enfoque que permitiera contextualizar la pervivencia del fenómeno guerrillero, en un mundo como el de hoy, en donde organizaciones subversivas como las FARC, el ELN y lo que increíblemente queda del EPL, son miradas en el plano internacional como verdaderos dinosaurios, por lo que se imponen aproximaciones menos esquemáticas, para que el menos nos permitan comprender, no tanto las razones, que sabemos son fútiles y sólo válidas para la social bacanería internacional (que por cierto no tiene que padecerlos) sino al menos una caracterización sociológica de sus integrantes, lo que no aparece por parte alguna.

La tesis central del libro es que las FARC obtuvieron la victoria militar en el gobierno de Samper, y después, en el gobierno de Pastrana, no supieron administrar esta victoria, se ensoberbecieron, no quisieron negociar con seriedad y perdieron su oportunidad histórica de pactar grandes reformas y darle así una salida digna a tantos años de insurgencia.

En principio, no es cierto que las FARC hayan obtenido la victoria militar en el cuatrenio 1994 - 1998. Es evidente que dieron grandes golpes a las instituciones de seguridad del estado, tanto a la Policía Nacional, como a las Fuerzas Armadas, pero lo hicieron en zonas periféricas, muy lejanas a centros urbanos importantes. También es cierto que estuvieron haciendo el tránsito de la clásica guerra de guerrillas, a la guerra de posiciones, pero no pusieron en riesgo la integridad territorial del Estado, a diferencia de guerrillas como la salvadoreña, que alcanzó a combatir en la misma capital del país, San Salvador, con dominio territorial incluido, algo que no ha estado ni cerca de conseguir, a pesar de sus grandilocuentes planes, y de sus golpes de audacia, como la operación por medio de la cual secuestraron los diputados del Valle del Cauca, lo cual hicieron a plena luz del día y en el corazón administrativo de Cali.

Tal vez lo que se quiere resaltar es el hecho de que el M-19 sí tomó la decisión correcta al dejar las armas y elegir la opción política, mientras que las FARC dejaron pasar una oportunidad que tal vez no volverá.

Ahora bien, ¿el fracaso de los diálogos del Caguán es atribuible sólo a las FARC? ¿Qué responsabilidad le compete al gobierno nacional y la élite económica, intelectual y política colombiana en esta frustración? Éstas son preguntas pertinentes, que uno esperaría también que merecieran alguna consideración en el texto objeto de esta reseña, y no meras anécdotas que no tocan la sustancia de los problemas de la guerra y la paz en el país.

Sin embargo, el aporte que hace este tipo de libros en el panorama nacional, es de reabrir el debate político, que a veces pareciera que no pudiera oirse, ahogados en el fragor del ruido de sables de quienes sólo ven victorias militares a cualquier costo.

En lo que sí estamos de acuerdo con el libro es en el momento actual, en donde las FARC se encuentran derrotadas militarmente, y con una legitimidad política totalmente resquebrajada, especialmente en lo que respecta a los apoyos internacionales, aún más disminuidos después del secuestro e inmediato asesinado del gobernador del Caquetá, que suscitó una amplia condena de todos los organismos defensores de derechos humanos y de gobiernos sin distingo de orientación ideológica.

A pesar de su derrota militar y sus menguados apoyos políticos, las FARC continuarán su presencia en Colombia, condimentada con los problemas fronterizos, especialmente con Venezuela. Por eso, lo que como sociedad debemos preguntarnos es cuánto esfuerzo estamos dispuestos a seguir haciendo para procurar su desactivación definitiva, temas que por cierto no existen en el actual debate político.

 

Medellín, enero de 2010

Mauricio Jaramillo
Coordinador equipo editorial de www.desmovilizadoscolombia.org

 
 
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