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Alfredo Molano. Ahí les dejo esos fierros. Aguilar, Bogotá, 2009.
El sociólogo bogotano Alfredo Molano nos hace una nueva entrega de relatos sobre el conflicto colombiano.
El libro trae seis historias, contados en primera persona, sobre las vivencias de quienes han hecho parte del conflicto, de diversas maneras. Hay tres relatos de guerrilleros, uno de la esposa de un guerrillero que es protagonista de a su vez de otro relato, de uno más de una ex miembro de la autodefensa que desertó y uno adicional de una ex combatiente, que estuvo primero con la guerrilla y posteriormente con la autodefensa.
La primera reflexión que suscita este libro es que los procesos de paz que ha habido recientemente, desde los que se dieron en la década del noventa del siglo pasado, hasta los de este siglo, no tuvieron el final que se hubiera deseado, en términos de llevar paz y tranquilidad a las regiones de la patria que han sido azotadas con virulencia por el conflicto. Efectivamente, ninguna de las voces que conocemos por la pluma de Molano ha abandonado íntegramente las vías armadas, a pesar de que algunos de ellos se desmovilizaron.
Casi la mitad de las páginas la ocupan dos relatos de ex integrantes del M - 19. En ellas se hace énfasis en las motivaciones casi románticas de ésta guerrilla, pasando de largo por los hechos más terribles que fueron de su responsabilidad, como el asesinato a sangre fría del líder sindical José Raquel Mercado, o las consecuencias de la toma del Palacio de Justicia. Dado que el relato se hace en primera persona, dejando a Molano como un simple narrador aparentemente imparcial, podría decirse que simplemente se consignan lo que los personajes del libro han decidido recordar. Pero la memoria es una facultad que si bien tiene algo de misterio, puede ser orientada, como lo documentan con largueza las técnicas del psicoanálisis. El cronista no estaba interesado en tocar estos molestos temas, que podrían desdibujar esa aureola de guerrilleros heroicos, muy al estilo de leyendas construidas , como la de Jaime Bateman, Alvaro Fayad y otros por el estilo. ("Adelfa" y "Ahí les dejo esos fierros")
Porque lo que llama la atención es el sesgo ideológico con el que se trata el conflicto colombiano. Cuando los ex combatientes son de la izquierda, o son campesinos conscientes de su lucha, o son profesionales que sacrificaron su vida y un brillante futuro profesional, en el altar de los ideales de la justicia social. Pero cuando se da la voz a ex combatientes de las AUC, son gente desquiciada por la guerra, que no tiene ninguna claridad de porqué se ha empuñado un arma, como el primer relato "A lo bien", o son personas obligadas primero por las circunstancias económicas y después por la fuerza a participar en un conflicto en contra de su voluntad, siendo víctima de toda clase de vejámenes, violaciones incluidas, además de antropofagia y lindezas semejantes, como en "Hospital de sangre".
Obviamente que esta observación no descalifica el texto, que está muy bien construido, con una lectura que se hace de corrido, a pesar de lo dramático de buena parte de los hechos relatados. La prosa es límpida, clara, con manifiestas simpatías por algunos y animadversión por otros, como ya se señaló. Este tipo de literatura permite al país avanzar en el necesario conocimiento de sí mismo.
Volviendo al tema de la desmovilización, quienes tomaron esta vía, según los testimonios del libro, o bien no estaban de acuerdo, o simplemente se limitaron a cumplir una orden, en la cual no tuvieron ninguna participación. Aquí podemos encontrar una de las razones para que estos procesos no se hayan constituido en factores de cambio positivos para las regiones en donde tuvieron su asiento los desmovilizados: no se han generado consensos de ningún tipo, no se han hecho las construcciones colectivas que permitan hacer de los procesos proyectos de vida que se sientan como propios, siempre son imposiciones que vienen de afuera. Por eso, para muchos de ellos la utopía armada no se ha cerrado definitivamente, sigue existiendo en el transfondo de una vida que no se abandonó por completo, sigue estando en el imaginario posible de quienes estuvieron en el fragor del conflicto.
Son historias de derrotados, de personas que de alguna forma se sienten estafadas, o en el mejor de los casos a la expectativa, después de tantos ires y venires, de tanto soportar lo indecible, de matar y de escapar de las encrucijadas de la muerte.
Una anotación final. En el texto que le da nombre al libro, el personaje narrado dice: "Los acuerdos de paz han traído más muertos que los combates". Desafortunadamente, cuánta razón tiene. Asistimos hoy, en medio de la indiferencia de las mayorías nacionales y la desidia de las autoridades, a la muerte generalizada de los desmovilizados del último proceso de paz que se ha intentado en el país. Ojalá este tipo de textos nos generaran las reflexiones éticas que permitieran parar el desangre y avanzar en la reconciliación nacional.
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