Los países están abocados, en algún momento de su historia, a tener que mirarse a si mismos, y a tener que abrazar su pasado.- Editorial en la revista Arcadia
 
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Al margen No. 4. El Informe de Human Rights Watch (II)

Se nos ha repetido hasta la saciedad que estamos en la era de las víctimas. Nadie duda de la bondad de este enunciado, que es más un propósito que una realidad. Sin embargo, a pesar de que no coincide con el momento actual, y de que es políticamente incorrecto, cabe preguntarse sobre la validez de muchas de las afirmaciones que uno ve, oye y lee.

Con el pretexto de que no se puede dudar ni un ápice de los testimonios que se presentan, porque entonces se está incurriendo en el terrible crimen de la revictimización, que al decir de los fundamentalistas humanitarios, es aún más condenable que cualquier otra situación que puedan haber vivido las víctimas, sin que uno entienda muy bien las razones que se esgrimen para defender tan peregrino argumento, las desgarradores afirmaciones se presentan como hechos incontrovertibles, de los cuales no se puede dudar.

Sin embargo, es evidente el hecho de que los testimonios no se confronten, o por lo menos, se investigue la consistencia de las narraciones, con las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que muchas de las víctimas dicen que acontecieron los infaustos acontecimientos que denuncian, aparte de que entre más escabrosas sean las imputaciones, mayor difusión van a recibir, explotando la humana condición que nos incita a buscar la maldad y la truculencia.

En lo que respecta al informe de Human Rights Watch (HRW), que fue dado a conocer como "Herederos de los paramilitares - la nueva cara de la violencia en Colombia", y que empezamos a comentar en la pasada nota al margen, basa los resultados de su estudio en las entrevistas, que según ellos fueron más de 100, con "víctimas de grupos sucesores de las AUC", de acuerdo a lo expresado en la Metodología del estudio (paginas 23 y 24). Lo primero que uno se pregunta es si ese número de entrevistas (100) obedece a una técnica estadística de muestreo, o si simplemente se trata de una cifra resultado del azar, porque en evento de que fuera una muestra representativa del universo, en esta caso del proceso de la desmovilización de la autodefensa y de los nuevos grupos surgidos después de ella, los resultados tendrían consistencia. De lo contrario, y mucho nos tememos que ese sea el caso del informe de HRW en comento, no pasan de ser testimonios en su gran mayoría muy preocupantes, pero que no reflejan de manera fidedigna la real situación de la marcha del proceso de desmovilización, y las realidades de las bandas armadas surgidas después de éste.

Igualmente, en la metodología se señala que "el personal de Human Rights Watch llevó a cabo investigaciones de campo exhaustivas sobre los grupos sucesores de las AUC", pero no se dice en que consistieron esas "exhaustivas" investigaciones. Y es que cuando se publica un documento que pretende señalar las verdades sobre la nueva cara de la violencia en Colombia, descalificando de paso los inmensos esfuerzos de paz que se han hecho, lo menos que uno puede esperar es que le cuenten, así sea someramente, cuales herramientas de investigación se utilizaron para llegar a tanta conclusión, a tanta crítica, y a tanta recomendación.

Un caso que da un buen ejemplo de lo que estamos afirmando es el desplazamiento en Colombia post desmovilización de las AUC. Si bien es cierto que en zonas en donde los nuevos grupos armados se han dado desplazamientos (Nariño y Chocó particularmente), esta situación no puede ser endilgada de manera automática a esos grupos, como alegremente lo pretende hacer HRW, porque en esas regiones no solo ellos hacen presencia, también hay una fuerte presencia guerrillera y otro tipo de delincuencia común. ¿De donde infieren que los nuevos grupos armados son los únicos responsables? No se sabe. Simplemente se limitan a hacer una afirmación, que de paso es todo un veredicto.

Estas observaciones no pretenden descalificar a priori el informe de HRW, pero la investigación de fenómenos sociales está dejando de ser una materia informe y gaseosa, en la que se pueden hacer cualquier tipo de afirmaciones sin tomarse la molestia de hacer la correspondiente demostración, utilizando las herramientas que sean menester.

Colombia ha avanzado en este sentido, y ahora hay disponibles muy buenos textos, con la utilización de todas las técnicas estadísticas, econométricas y matemáticas, que permitan contrastar hipótesis, en el campo de los fenómenos asociados con la violencia y el conflicto armado interno. Es el caso de los libros "Las cuentas de la violencia" y "Guerreros y campesinos", reseñados en esta página, para citar sólo dos ejemplos.

Sin embargo, debemos señalar de manera positiva el hecho de que reconocen que algunos de los nuevos grupos armados pueden considerarse como tales, a efectos de las leyes de la guerra, según el Derecho Internacional Humanitario. Desde esta tribuna hemos dicho que la solución del conflicto social y político del país debe incluir a todos los grupos armados, incluidos los que el gobierno ha dado en llamar "bandas criminales al servicio del narcotráfico" (bacrim), con realismo y sin pretensiones maximalistas que lo único que logran es prolongar en el tiempo el desangre en el que vivimos.

Lo que si nos corresponde es destacar el hecho de que nuestra sociedad debe debatir de forma amplia, desprevenida y constructivamente, sobre el presente y el devenir del proceso de desmovilización de las Autodefensas, y de una reflexión integral sobre las políticas públicas que se adopten sobre seguridad ciudadana, que por cierto debe ser un concepto mucho más amplio que lo que hemos conocido como uno de los pilares de este gobierno, la "seguridad democrática". Aterra ver que en la presente debate electoral, estos temas que son definitivos para la marcha de la democracia en el país, brillan por su ausencia, en esta pálida campaña en la que solo parecieran importantes las inmensas vallas que polucionan el paisaje citadino. La violencia no puede seguir siendo una solución para muchos sectores sociales de nuestra patria.

Medellín, febrero 23 de 2010

Mauricio Jaramillo
Coordinador equipo editorial de www.desmovilizadoscolombia.org

 
 
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